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Educación en el Perú y una meta inalcanzable (I)

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Hace unos días leí un interesante documento elaborado por la consultora Proexpansión “La educación de calidad en Lima” sobre la base de los resultados de la última Evaluación Censal a Estudiantes (ECE 2013) que realiza anualmente el Ministerio de Educación. Más allá de los pobres resultados de la ECE, llama la atención el insistente reclamo al Estado para que cumpla con la meta del 6 por ciento del PBI estipulada en el Acuerdo Nacional. A estos dos tópicos dedicaré un par de entradas de este blog.

La evaluación censal ministerial es sólo la data que nutre parte importante del Informe de Proexpansión, la oportunidad para su publicación parece estar en el impacto generado por dos de las exposiciones de la Mesa de Educación del CADE 2014, a cargo del actual Ministro de Educación, Jáime Saavedra, y el todavía en funciones presidente regional de Moquegua, Martín Vizcarra1. Abajo, podrán ver las aplaudidas presentaciones de Saavedra y Vizcarra. Como muestra de lo que interesa en realidad la educación en el Perú -donde casi todos hablamos de todo pero no nos informamos de nada-, el video ha sido visto poco más de 800 veces.

El Ministro de Educación, con un importante manejo de escena y con un discurso solvente, expuso sobre la importancia de invertir más y mejor en educación y para ello se valió del diagnóstico que todos sabemos reflejado en la ECE 2013, pero que por conocido no deja de ser dramático: la educación en el Perú es de bastante mala calidad y es muy heterogénea. Hay colegios públicos y privados malos y buenos, pese a su cercanía geográfica. Sólo 1 de cada 3 alumnos de segundo de primaria en Perú aprueban la prueba de comprensión de texto, y, uno de cada 6 hacen lo propio con la de matemáticas. Mala cosa para un país que quiere dejar el club de los países de la segunda división para meterse en la Champions.

Algunos apuntes sobre la importancia de la educación

En principio la educación no es un bien público, es decir, se le considera un bien económico, dada su naturaleza rival y excluyente. No obstante, algunos economistas consideran que la educación no constituye un bien económico puro dado que el mercado no es capaz de optimizar los recursos necesarios para garantizar una provisión suficiente y eficiente de educación.

Esta subprovisión del bien se debe principalmente a tres factores. El primero, la existencia de externalidades positivas en los niveles primario y secundario, que generan en el largo plazo efectos monetarios (productividad, adaptabilidad y flexibilidad laboral) y no monetarios muy importantes (sociabilidad e implantación de valores generalmente reconocidos). Por otro lado, la educación está rodeada de una gran incertidumbre e información incompleta, ya que no es posible garantizar el éxito de la inversión educativa inicial. Finalmente, en un modelo de mercado sólo quienes podrían pagar por el servicio accederán a él, en este contexto un importante sector de la población no accederá al servicio, o, si lo hace será en unas condiciones de calidad muy deficientes.

No obstante, la educación no tiene como único objetivo preparar a los ciudadanos para la práctica de un oficio o una profesión. La educación tiene un fin en si mismo y permite acceder a conocimiento científico y cultural como metas de vida intrínsecas de cualquier ciudadano civilizado. Es conocido que el óptimo funcionamiento de las instituciones, depende en gran medida de un nivel adecuado de educación.

Son estos factores los que aconsejan la intervención estatal en la educación, sin proscribir la participación de los privados en su provisión.

Qué nos dejó la Evaluación Censal a Estudiantes

La ECE 2013 ya es un refrito, así que me referiré a sus resultados sólo someramente y sobre la base del Informe de Proexpansión y lo expuesto por el Ministro Saavedra en el CADE.

Una revisión de los resultados de la ECE entre los años 2007 y 2013, permite advertir que la calidad educativa ha mejorado en los últimos siete años. Esto ha ocurrido en todo el país, para todos los estudiantes y tanto para las instituciones públicas como privadas. No obstante esta mejora, no debe dejar de alarmar la importante cantidad de alumnos de segundo grado que no pasan las prueba, en la medida que la ECE es un examen que solo busca verificar la capacidad de los alumnos para entender textos o resolver problemas según el grado al que pertenecen.

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Este resultado poco alagueño no es excepcional si tenemos en cuenta el pobre desempeño obtenido por alumnos de niveles mayores. Es conocido que en el año 2012 Perú quedó en el último lugar de la Prueba PISA, que mide el nivel de los estudiantes de 15 años de áreas urbanas y rurales en materia de comprensión de textos, matemáticas y ciencias. Aunque se criticó mucho localmente el resultado de la educación peruana en dicha prueba, pocos reconocieron la valentía del gobierno en contrastar los resultados de sus políticas educativas con países desarrollados con una gran tradición educativa y presupuestos considerables, reconocimiento que sí hizo Lant Pritchett (de la Escuela de Gobierno de Harvard) también en el CADE.

A pesar que en términos generales, la ECE revela que la calidad de las instituciones privadas en los dos tópicos medidos es mejor que la pública, estás últimas estarían mejorando más rápido que sus pares privados. Hecho importante si consideramos que a nivel nacional 8 de cada 10 colegios que ofrecen educación de nivel primaria o secundario son de gestión pública. Este resultado es lógico si tenemos en cuenta el piso desde el cual partía la educación estatal (con un mayor rezago) y los recursos que el Estado viene destinando para su recuperación que, como veremos, no son tan magros como se pretende afirmar.

Sorprende la gran cantidad de generalidades que se señalan sobre las pruebas del ECE 2013, sin tomar en cuenta que la misma se realiza solo a los alumnos del segundo grado y respecto de dos materias del currículo. Es reconocido que el rendimiento escolar no sólo depende de la idoneidad de las escuelas o la calidad de los maestros, también influyen múltiples factores como la alimentación o el entorno social. La prueba ECE es sólo una muestra parcial del desempeño de los alumnos. Se pretende señalar, que las materias censadas serían esenciales para la elección de los padres del centro educativo al que matricularán a sus hijos. Sin embargo, la excelencia de la enseñanza en matemáticas y comprensión lectora, no parece ser el único elemento que sirve para determinar la conveniencia del centro educativo.

Los padres, al elegir el colegio al que irán sus hijos suelen tomar en cuenta un número de variables mucho mayor y muy difíciles de estandarizar, como puede ser: los costos, la calidad de la infraestructura, las instalaciones deportivas, si son exalumnos del colegio, la disciplina, el estatus, la educación religiosa o laica, la cercanía, la enseñanza de idiomas, el prestigio de la institución, la enseñanza artística, el control sobre los maestros, información recibida de amigos, y un largo etcétera. En dicha medida, la posición del Ministerio de no hacer pública la información respecto de aquellos colegios que pasaron la prueba parece ser en principio acertada, aunque es correcto que la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública y su Reglamento no permite a la Administración rechazar la entrega de los resultados sobre la base del posible efecto negativo que su divulgación podría tener en el sector.

La educación en el Perú cada vez más privada

Un aspecto importante y que no suele tenerse en cuenta al hablar del gasto en educación en el Perú, es que se deja de lado la cada vez más importante participación de los privados, de tal suerte que se subestima el gasto total nacional. La ecuación es sencilla, cuando se dice, por ejemplo, que el gasto en educación es del orden del 3 por ciento del PBI, pareciera que se está refiriendo a todo el gasto nacional en educación, lo cual no es correcto, pues considera únicamente al gasto público, para obtener el gasto nacional hay que sumar el gasto realizado por las familias e instituciones privadas, con lo cual el esfuerzo de la sociedad peruana en educación se eleva de forma importante.

A diferencia de lo que ocurre en otras realidades donde la educación es básicamente estatal, en el Perú la participación de la educación privada viene creciendo de forma importante y de seguir la tendencia podría ser mayoritaria en unos años.

En el contexto de la educación universitaria, según datos del INEI, en el año 2013 había en el Perú 349 mil estudiantes matriculados en universidades públicas por 694 mil en universidades privadas. Es decir, dos de cada tres estudiantes peruanos universitarios estaban matriculados en una institución superior de carácter privado.

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La tendencia registrada en la educación universitaria, aunque a un ritmo menor, también se estaría registrando en la educación básica. Hasta la década de los ochenta, ambas matrículas (pública y privada) crecían de forma similar. En el año de 1984 poco más del 15 por ciento de los estudiantes nacionales estaba matriculado en una institución educativa privada. Sin embargo, desde el año 2000, se incrementa notablemente la matrícula del sector privado, mientras que la pública no sólo no crece, sino que incluso se contrae. Entre los años 2002 a 2012 los colegios públicos perdieron poco más de un millón de alumnos.

Para el año 2012 el porcentaje de alumnos matriculados en escuelas privadas había alcanzado el 27.4 por ciento del total de la matrícula escolar. En algunas regiones la escuela privada aún cuando todavía no es mayoritaria se acerca a la pública, por ejemplo, en Lima el 48 por ciento de los alumnos estudian en colegios privados o en Arequipa donde esta cifra alcanza el 44 por ciento.

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Si uno de cada tres alumnos en edad escolar estudia en instituciones privadas y dos de cada tres universitarios no pasan por la universidad pública, parecería que las cuentas deberían reflejar el esfuerzo nacional en su conjunto y no solo restringirse al gasto estatal. Si incorporamos el gasto privado dentro a la estadística nos encontraremos con algunos datos interesantes.

El impacto del gasto privado en educación

No existe información regular y actualizada sobre cuál es el monto del gasto privado en educación. Sabemos gracias al estudio de Saavedra, Melzi y Miranda2 que para el año 1994, el gasto de las familias en educación alcanzó el 1.9 por ciento del PBI, lo que significó que la sociedad peruana en su conjunto (familias y Estado) gastó cuando menos 4.7 por ciento del PBI en educación (el presupuesto en educación fue el 2.8 por ciento del PBI). Un estudio posterior de Saavedra y Suárez3 reveló que para el año 2000 la sociedad peruana gastó en educación el equivalente al 6.3 por ciento del PBI, 41 por ciento de este gasto fue realizado directamente por las familias, equivalente a casi un 2.6 por ciento del PBI. Es decir, el esfuerzo de las familias aumentó durante el período comprendido entre estos dos informes en un 0.7 por ciento del PBI, cifra nada desdeñable, como tampoco lo fue el avance registrado por el gasto del sector público. El inconveniente de estos dos informes es que no contabilizan el gasto de capital realizado por las instituciones educativas privadas, lo que podría subestimar el gasto total privado en los períodos estudiados.

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No he podido encontrar datos más actualizados. Sin embargo, la información de la evolución de la matrícula privada parece revelar que el esfuerzo de las familias peruanas ha seguido aumentado en los últimos años. Partiendo de la base del estudio de Saavedra y Suárez y teniendo en cuenta la tendencia de la matrícula privada en la educación peruana, las familias podrían haber gastado en educación para el año 2012 entre el 3 y el 3.5 por ciento del PBI, es decir, entre 15 mil y 18 mil millones de soles, casi el equivalente del presupuesto público destinado a educación para dicho ejercicio. Incluso es posible que la cifra sea mayor si incorporamos las inversiones en capital realizadas por los privados. No obstante, sin un estudio serio y actualizado del gasto privado en educación es poco más lo que podemos decir sobre el particular, lo que sí parece evidente es que la sociedad peruana en su conjunto destina más dinero a educación que la meta establecida en el Acuerdo Nacional.

En una siguiente entrada alcanzaremos algunas notas adicionales respecto de la meta establecida en el Acuerdo Nacional y por qué estimo que no estamos ante una meta que debería producir tantos desvelos.


  1. Jáime Saavedra y Martín Vizcarra no son dos funcionarios improvisados, cosa rara en gran parte de la administración pública peruana. Saavedra es Doctor en Economía por la Universidad de Columbia y licenciado en Economía de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Además se ha desempañado en el Banco Mundial. Fue Director Ejecutivo e Investigador Principal del Grupo de Análisis para el Desarrollo Económico (GRADE). También ha sido profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú, en la Universidad del Pacífico y profesor visitante en la Universidad de Toronto. Vizcarra, por su parte, es ingeniero civil de la Universidad Nacional de Ingeniería y cuenta con un diplomado en Administración Gerencial de ESAN. Entre otros cargos, ha sido miembro del directorio de EGESUR, Director de la Sociedad Nacional de Industrias en Moquegua y Miembro de la Comisión Consultiva del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología CONCYTEC – Moquegua. También ha sido Decano del Colegio de Ingenieros del Perú – Consejo Departamental Moquegua. 

  2. Jáime Saavedra, Roberto Melzi y Arturo Miranda: Financiamiento de la educación en el Perú, Lima, GRADE, 1997, Documento de trabajo 24. 

  3. Jáime Saavedra y Pablo Suárez: Equidad en el gasto social: El caso de la Educación Pública y Privada, Lima, Grade-Apoyo, 2001. 

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