Blawyer.org
Síguenos en
-
-
Artículos recientes
- Blog Day 2010: Blogs peruanos de derecho, una introducción
- Indecencia y libertad de expresión
- Tres ideas para combatir la inquisición cultural
- Conferencias «Música y escena local en Lima» en el CCE
- Leyendo la última encuesta del IOP sobre uso de Internet en Perú
- Cómo salvar el patrimonio cultural nacional
- Guía ilustrada para hackear el Boletín de Normas Legales de El Peruano
- ¿Dónde están las leyes en el Perú?: El Peruano
- Debate servido: Google, Verizon y Web 3.0
Categorías
- Comercio electrónico
- Competencia Desleal
- Contratación Electrónica
- Delitos
- Derecho tributario
- Derechos de Autor
- Derechos fundamentales
- Entertainment & Media Law
- Eventos
- Gobierno electrónico
- Informática jurídica
- Infraestructuras
- Jurisprudencia
- Libre Competencia
- Neutralidad de la Red
- Patrimonio cultural
- Propiedad industrial
- Protección al consumidor
- Publicidad comercial
- Regulación
- Responsabilidad
- Sociedad de la Información
- Telecomunicaciones
- Telefonía
- Teoría General del Derecho
Archivos
- agosto 2010
- julio 2010
- junio 2010
- mayo 2010
- abril 2010
- marzo 2010
- febrero 2010
- enero 2010
- diciembre 2009
- noviembre 2009
- octubre 2009
- septiembre 2009
- agosto 2009
- julio 2009
- junio 2009
- mayo 2009
- abril 2009
- marzo 2009
- febrero 2009
- enero 2009
- diciembre 2008
- noviembre 2008
- octubre 2008
- septiembre 2008
- agosto 2008
- julio 2008
Enlaces
-
Meta

El pasaporte que nunca llegó
“No mentir sobre el futuro es imposible y uno puede mentir sobre ello a voluntad”. Esta frase de Naum Gabo viene a mi memoria cada vez que escucho a alguien profetizar respecto de algo. Este es el caso de la polla (lo que en el Perú es apuesta, lotería) que hizo Lawrence Lessig hace diez años en su más conocido e influyente trabajo – El Código y otras leyes del ciberespacio – cuando profetizaba la inminencia de una “arquitectura general de la confianza”. Como suele suceder en estos casos, Lessig se equivocó. Lo cual es lógico, pues si tuviera éxito con regularidad en predecir el futuro estaría jugando a los caballos o comprando a la lotería.
Leí El Código hace muchos años y no recordaba esta profecía, hasta que revisé un post de Tim Lee en The Technology Liberation Front (Lessig vs. Harper). Es un buen momento para recoger algunas de las ideas de Lee con relación a este tema.
Lessig vaticinaba que con la “arquitectura general de la confianza” se permitiría a través de un certificado digital la verificación por parte de las autoridades de una serie de datos respecto de los usuarios de Internet como identidad, nacionalidad, sexo, edad o cualquier otra información considerada importante, como en la Rusia de los Zares. Hasta que esto no ocurriera el comercio electrónico no se desarrollaría plenamente.
Como señala Lee, esto nunca ocurrió y es poco probable vaya a suceder. La firma digital, promocionada casi al mismo tiempo que el libro de Lessig es hoy sólo un instrumeto de seguridad más y en lugar de una identidad digital, las gentes que pululan por Internet detentan varias personalidades, casi una por cada sitio web que visitan. Sin embargo, debemos puntualizar que no reviste ningún mérito listar las predicciones del libro del Lessig – no es la única – y varios años después marcar sus inexactitudes. El trabajo de Lessig es un aporte importante y no por haber dado un pronóstico aparentemente equivocado pierde validez.
Jim Harper nos señala en su trabajo Crisis de Identidad (Identity Crisis), menos conocido por estos lares, algunas de las razones por las que el vaticinio de Lessig podía estar equivocado. Harper, explica -siguiendo el post de Lee – que la identidad no sólo debe evaluarse a través de las complejas técnicas de indentificación sino por los beneficios que representa romper estos mecanismos.
Un sistema único y monolítico no es una buena idea, en la medida que se convierte en un objetivo irresistible para los malhechores. En cambio, son preferibles una serie de identificadores con distintos niveles de seguridad, adaptados a la sensibilidad de los sistemas que controlan el acceso.
Como señala Lee la seguridad en línea no es sólo un aspecto tecnológico. Por ejemplo si alguien realiza una compra en línea con una tarjeta de crédito robada tiene que dar un sitio físico para su entrega, esta ubicación será utilizada posteriormente por la policía para capturarlo. El objetivo, no debe ser el máximo nivel de seguridad en las transacciones electrónicas, sino aumentar la seguridad hasta el punto que el costo marginal de la seguridad compense la reducción de los fraudes.
Esta es la razón por la que las personas realizan muchas transacciones de poco valor por Internet y reserva para aquellas con un mayor valor mecanismos presenciales que le brindan una mayor seguridad.